Augusto Lostaunau Moscol
En el marco de las celebraciones de Fiestas Patrias de 1875, en la ciudad de Puno, el Dr. Santiago Giraldo Sueldo leyó su discurso Breves Consideraciones sobre las Épocas de la Historia Política del Perú desde su Independencia hasta nuestros días, en el Salón de Sesiones de la Sociedad de Instrucción de dicha ciudad altiplánica. Posteriormente, será publicado formando parte de la Biblioteca Popular de “El Trabajo” en 1887. Dicho discurso es una mirada crítica de las diferentes etapas políticas del Perú desde la Proclamación de la Independencia en Lima (sábado 28 de julio de 1821) hasta las citadas Fiestas Patrias de 1875. Como dice Giraldo:
“Si bien es cierto que los 54 años de independencia que lleva el Perú pueden solo considerarse como el periodo, y tal vez solo como el preludio del periodo de formación social; porque este corto espacio de existencia es para una nación lo que un día para un individuo.” (2021:21)
Desde una mirada crítica, Santiago Giraldo entiende que, la llamada “Hora del Perú” todavía no ha llegado. Por un lado, 54 años de vida independiente no es tiempo suficiente para empezar a ser testigo de la etapa de maduración de una sociedad que está dejando su herencia colonial de 300 años; para convertirse en un proyecto autónomo. Mientras que, por otro lado, los acontecimientos políticos acontecidos como el Primer Militarismo (1825-1845), la Era del Guano (1845-1860), y, la Crisis del Guano (1860-1875), no permitieron construir un proyecto de país. La posición de Giraldo, como la de muchos de su época, discrepa totalmente con lo planteado por el presidente José Balta en su discurso del 28 de julio de 1870:
“Ayer, ofrecía la República el desolador cuadro de un pueblo desgarrado por la anarquía, y hoy imperan el orden y la moralidad; ayer la hacienda pública se hallaba esquilmada y sujeta a un duro pupilaje, hoy cuenta con caudales suficientes para hacer frente a las necesidades del Estado; ayer las garantías públicas eran violadas con gran daño de las personas e intereses del ciudadano, hoy las hace ciertas la vigilancia del Gobierno. La industria en sus variados ramos tocaba ayer el extremo de un mortal marasmo y hoy se levanta vigorosa, abriéndose campo vasto en qué ejercer su prodigiosa actividad.” (En línea)
La diferencia del análisis político del presidente Balta frente al de Santiago Giraldo Sueldo radica en la posición frente al poder económico y político del país. Mientras Balta formó parte de los grupos de poder económico que controlaron el poder político y lo instrumentalizaron según sus intereses (por ejemplo, se volvieron consignatarios del guano y consolidados del pago de la deuda interna); Santiago Giraldo fue de los sectores que tenía un poder económico y político muy local, en las regiones más alejadas del centro de poder como Lima. Por ello, entendió nuestra naciente historia como un simple momento auroral que dará paso, necesariamente, a un momento mayor. Mientras para Balta, el “momento del Perú” había llegado; para Giraldo ese momento aún estaba por llegar. Por ello plantea:
“Para apreciar el estado de una nación, basta examinar la conducta de los tres poderes del Estado, quien reflejan el carácter de la sociedad que representan y sirven de termómetro para medir los quilates de la política nacional, y además fijar la atención en los principios que encierra su carta fundamental que a la vez sintetiza de un modo admirable el pensamiento político de la nación.” (2021:22)
Lo que propone el Dr. Santiago Giraldo es que, para poder analizar e interpretar mejor la historia política del Perú, no basta con conocer y comprender los hechos políticos realizados desde el Poder Ejecutivo –esa larga y aburrida lista de elecciones y golpes de Estado-. Sino también, el carácter político e ideológico de las diversas representaciones parlamentarias que, con el tiempo, han integrado el Poder Legislativo. Incluso, analizar el carácter de clase de aquellos magistrados que conforman el Poder Judicial. Su propuesta es muy importante porque permite reconocer la existencia de lazos familiares permanentes entre los integrantes de los tres poderes del Estado. Como diría Manuel González-Prada, existe un miembro de las tres familias más poderosas “donde quepan”. Incluso, Giraldo indicó:
“Estalló la funesta guerra contra nuestra hermana República de Colombia, guerra destinada únicamente a sostener la presidencia de La Mar, a quien convenía la anexión de Guayaquil, su país natal, al Perú para desvanecer la tacha de extranjero que pesando sobre sus hombros lo incapacitaba para continuar ocupando la silla presidencial.” (2021:30-31)
Pese a su participación en los momentos decisivos de la guerra independentista, muchos integrantes de los grupos de poder económico y político de la naciente República del Perú, empezaban a desarrollar un discurso de pertenencia al país a partir de haber nacido en su territorio. Lo que determinaba identificar como “extranjeros” a quienes no lo habían hecho. Y, pese a que Guayaquil había jurado su independencia en nombre del Perú, por encontrarse bajo la administración de la Gran Colombia, el Mariscal José de la Mar, era fustigado por aquellos sectores de nuestro floreciente chauvinismo que, como todo nacionalismo a ultranza, esconde intereses económicos muy personales. Es que la política sin la economía no se puede comprender en su total magnitud, y viceversa.